Los desafíos del Gobierno para calmar al dólar

Economía 07 de septiembre de 2020 Por Redacción del Informe
La Fundación de Investigaciones Económicas para el Desarrollo (FIDE) destacó el trabajo realizado por el Gobierno en materia de canje de deuda y puso hincapié en lo que vendrá. Además de acomodar la dinámica del dólar financiero, señalan que otro desafío es la "sintonía fina regulatoria".
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Con el acuerdo de la deuda en legislación extranjera cerrado en 99% de adhesión y la negociación con los acreedores locales en camino a una aceptación temprana del 98,8%, el Gobierno comienza a transitar pasos firmes en materia financiera. Sin embargo, la renegociación con el FMI y la difícil situación del tipo de cambio muestran aún un camino sinuoso. Analistas aseguran que el desafío de Alberto Fernández es "ordenar la dinámica del dólar financiero y desarrollar ahorro en pesos".
 
Un informe realizado por la Fundación de Investigaciones Económicas para el Desarrollo (FIDE) destacó el trabajo realizado por el Gobierno en materia de canje de deuda al señalar que “ambos aspectos permiten dar vuelta la página al tema de la deuda con el sector privado, allanando el camino para avanzar en otros frentes relevantes, como el desarrollo del financiamiento público en pesos en el mercado local, la reestructuración de la deuda de las provincias y la refinanciación de deuda privada”.
 

De acuerdo al FIDE, la mayor fortaleza del acuerdo pasa por “el alivio sobre el sector externo”. Esto se debe a que durante el período 2020-2024, Argentina “deberá pagar solo 7.500 millones de dólares de deuda, considerando la totalidad de vencimientos de capital e intereses”. La reestructuración permitió que el Gobierno lograse posponer un total de u$s56.100 millones para dicho período si se suman bonos bajo ley argentina y ley Nueva York. “El ahorro total de la reestructuración sería de 39.600 millones de dólares”, explicaron.

A partir de ahora comenzará otra disputa de suma importancia. Será la que podrá al Gobierno ante el Fondo Monetario Internacional con el objetivo de lograr un acuerdo superador al firmado por el expresidente Mauricio Macri y el exministro de Economía, Nicolás Dujovne.

Si durante los últimos meses la búlgara Kristalina Georgieva, titular del Fondo, se posicionó como una aliada de Alberto Fernández y Martín Guzmán ante los acreedores privados, fue debido a la necesidad del FMI de asegurarse que Argentina reestructure su deuda con dichos actores con el fin de que en el futuro pueda afrontar las deudas contraídas con el organismo.

“Ahora empieza una etapa diferente”, señalan desde FIDE, ya que “se abre el interrogante acerca de los espacios disponibles para conciliar el objetivo central del Gobierno de impulsar el crecimiento y recuperar capacidad de pago –sosteniendo el rol anti cíclico de la política fiscal y monetaria, manteniendo las regulaciones en la cuenta capital y promoviendo modificaciones tributarias con un sesgo claramente progresivo, entre otras orientaciones– con el manual convencional del FMI y sus recomendaciones de corte ortodoxo”.

Ante ese panorama, el ministro de Economía argentino dejó en claro que el objetivo del gobierno es reducir el déficit primario “en torno al 4,5% del PIB para el año próximo” lo cual desde FIDE aseguran que “supondrá un esfuerzo en materia de mayor recaudación y también de reducción y reasignación del gasto público”.

En ese sentido existen algunas “luces amarillas” en el frente externo que llaman la atención de los analistas. Esto tiene que ver con la capacidad de las reservas del BCRA para satisfacer la demanda de dólares.

Pese a que Argentina se aseguró un estiramiento en los vencimientos de la deuda -logrando así evitar grandes desembolsos de dólares para dicho fin en los próximos años – y a que aún ante saldos comerciales positivos por desplome de las importaciones “en las últimas seis semanas el BCRA ha tenido una intervención vendedora casi ininterrumpida en todas las jornadas”. El rol vendedor del Central se explica principalmente ante una “mayor demanda de divisas son la compra de billetes por parte de individuos y el adelantamiento de importaciones de empresas”.

Desde FIDE apuntan que en este contexto “reaparecen voces que recomiendan devaluación, desdoblamiento o nuevo endeudamiento externo” para administrar la brecha en el nuevo escenario post-canje. “Se trata de opciones que ya han fracasado y, a poco andar, terminan generando efectos macroeconómicos negativos”.

Es por eso que remarcan que lo que viene presenta “un desafío grande” que implicará “ordenar la dinámica del dólar financiero, hacer sintonía fina regulatoria, promover el desarrollo de instrumentos de ahorro en pesos y, en paralelo, impulsar políticas sectoriales para generar dólares genuinos”.

“Las proyecciones para estos meses, en los cuales ingresan estacionalmente los dólares de la cosecha gruesa, indican que por concepto de ventas externas deberían haber aumentado al menos entre 900 y 1.200 millones de dólares por mes. Sin embargo, cayeron”, agregan desde FIDE. Esto se explica por dos factures: dolarización privada y el adelantamiento de pagos de importaciones.

Si bien no existen detalles puntuales o estadísticas al respecto, desde FIDE señalan que la demanda de dólares continua en aumento por diversos factores, entre ellos, la transferencia de ingresos de programas de emergencia, los cuales "favorecieron a la compra de dólar billete privada". En tanto que respecto a los importadores, apuntaron que continúa las prácticas especulativas "en torno al adelantamiento de la demanda de dólares contra operaciones comerciales con el exterior. Muestra de ello es la discrepancia estadística que existe entre las declaraciones de Aduana sobre el ingreso de las mercancías registradas por el INDEC y los pagos de divisas computados por el BCRA".

Ante la falta de "una regulación que haga sintonía fina" al programa monetario y fiscal de emergencia "la expansión monetaria y fiscal durante la pandemia terminó, de manera indirecta, financiando la dolarización privada", agregaron.

Sin embargo, remarcaron que pese al valor del dólar no existe atraso cambiario ya que "el tipo de cambio real es el más alto en casi 10 años" y "los niveles de competitividad-precio de agosto de 2020 se encuentran en valores simulares a los de noviembre de 2011".

Por último, destacan que el sendero de mediano plazo debe estar acompañado por "instrumentos en pesos capaces de preservar el valor real del ahorro y financiar la producción". Si bien su efecto no es inmediato, la secuencia de la política económica importa: "No puede crearse este tipo de prácticas de fortalecimiento de la moneda nacional en un mercado de cambios desregulado".

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