Sindicato de presos, idea Argentina que se exportó a otros países

Nacionales 04 de marzo de 2020 Por Periódico EL INFORME de Ceres
El fundador del gremio cayó detenido por un robo en Villa Crespo junto con su pareja.
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“Ahora en Crónica… Dios me asista”, publicó Rodrigo Díaz (46) el domingo 23 de febrero, a las 9.39, ya en los estudios del canal. Estaba invitado al programa de Esteban Trebucq. A las 10.02, uno de sus textuales llegó al zócalo: “Sin aire en verano, sin calefacción en invierno”. Se refería a cómo era la vida en la cárcel, y cómo serían los días de los rugbiers en la Unidad de Dolores por el crimen de Fernando Báez Sosa​ (18).

Díaz había pasado unos cuantos años detenido. Era un habitué en los programas de TV. Lo que lo distinguía del resto de los ex presos eran dos cosas: se había recibido de abogado y en 2012 había sido uno de los fundadores del Sindicato Único de Trabajadores Privados de la Libertad (Sutpla).

Ese mismo mediodía almorzó con su pareja, de 33 años, en un restaurante. Se sacaron fotos y las publicaron en Facebook; de la comida y también de la visita al piso de Crónica TV. Ella lo había acompañado al canal. Iba a ser la última aparición de la pareja en la red social, ya que por la noche serían detenidos por la Policía de la Ciudad. La Fiscalía 52 los acusó de “tentativa de robo y lesiones”.

El Sutpla sacó, rápidamente, un comunicado aclarando que Rodrigo Díaz dejó de pertenecer a la organización gremial en 2015. Y que “no solo no ocupa ningún cargo directivo en el sindicato, sino que ni siquiera es afiliado”.

La víctima de la pareja había sido un hombre de 55 años, al que habrían engañado mediante una aplicación de citas. Ella, tal como habían acordado con el usuario, entró a su departamento, de Julián Álvarez al 600, en Villa Crespo. Pero adentro lo amenazó y lo cortó con un cuchillo: le robó un teléfono celular y unas llaves. La Policía la sorprendió cuando bajaba las escaleras del edificio, intentando escapar. Díaz la esperaba afuera, a pie, y también fue detenido.

En la comisaría, Díaz se habría negado a brindar sus huellas dactilares. Se presentó como abogado e intentó impulsar un recurso de habeas corpus, a pesar de haber sido sorprendido en flagrancia. La mujer contaba con un pedido de captura por una causa de “robo simple en grado de tentativa”, además de otra denuncia por “lesiones”.

Según pudo saber Clarín, Díaz se crió en la Isla Maciel. Sus problemas con las adicciones comenzaron en su adolescencia y lo llevaron al delito. Sus causas solían ser por robos calificados, a mano armada.

Hacia fines de la década del 2000 se inscribió en la carrera de Derecho del Centro Universitario de la cárcel de Devoto (CUD). Salió en libertad y siguió estudiando, afuera. Pero volvió a prisión. En esa condena continuó la carrera y empezó a pensar en lo que sería un proyecto único: un sindicato de presos. Hasta ese momento no había registros de esta iniciativa en otras prisiones del mundo. La idea de Díaz sería pionera. Más adelante la copiarían presos de Berlín, Los Ángeles (hay dos) y Málaga.

Matías Isequilla es asesor legal del Sutpla. Además de eso, es docente universitario en la Facultad de Derecho y en el CUD. Recuerda que, a principios de 2012, una estudiante le comentó de otro alumno, del CUD, que quería “solucionar los problemas de los trabajadores detenidos”.

Esa persona era Rodrigo Díaz. Se conocieron, conversaron y escucharon los reclamos de los presos. Se quejaban de accidentes laborales por los que nadie respondía, de los pocos cupos para trabajar y de los cobros; no había control en los pagos.

“Díaz siempre fue muy combativo y muy inteligente”, asegura Isequilla. “Tuvo que luchar bastante para que lo trasladaran a Devoto para poder estudiar. Sé que estando libre hizo militancia política universitaria en la Facultad de Derecho. Me contó la problemática y le propuse tener una herramienta de lucha colectiva. Es decir, un sindicato”.

Isequilla presentó el proyecto en la CTA liderada por Hugo Yasky, que terminaría aceptándolos como afiliados. En julio de ese año nació el Sutpla, con cerca de mil detenidos trabajadores afiliados. Tal como afirma la Ley 24.660, iban a percibir el salario mínimo, vital y móvil, fueran condenados o no. Por decisión de la Comisión Directiva, no cobrarían cuota sindical. No cuentan con ingresos ni financiación propia.

“Los primeros grandes logros fueron los planos de evacuación, los aumentos en los sueldos, las herramientas de seguridad que recibieron los trabajadores y la primera visita de la ART a Devoto. Para 2013, prácticamente toda la población de esa unidad tenía trabajo”.

Con los meses, el proyecto incluiría trabajadores de otras cárceles, todas federales. Cada una contaba con su delegación. El pico sería de aproximadamente 10 mil trabajadores sobre una población penal total de 12 mil. A Díaz lo entrevistarían de la BBC de Londres y de El Mundo, el segundo diario más vendido de España, entre otros medios del exterior.

Para 2014, Díaz recuperó su libertad y mantuvo su cargo como secretario general. El estatuto le permitía continuar hasta dos años después de ser liberado. A los meses tuvo un problema de salud y fue internado. Sus compañeros decidieron reemplazarlo por un adjunto, siempre siguiendo el estatuto. Pero Díaz no lo aceptó. Pretendía seguir.

En diciembre de 2015, luego de distintas discusiones, los detenidos prefirieron refundar el sindicato. Mantuvieron la sigla SUTPLA, pero cambiaron la palabra “Único” por “Unido”. Eligieron nuevas autoridades y pidieron la inscripción gremial. El Ministerio de Trabajo la rechazó, lo que fue apelado. Aun hoy está en la Cámara de Apelaciones. Ese año dejaron de pertenecer a la CTA.

“Los detenidos afiliados no cuentan con obra social, ni cobran vacaciones o ART en caso se lastimarse durante las jornadas laborales. Si se enferman, o tienen que ir al Juzgado y no pueden trabajar, no cobran el día. Tampoco reciben un extra por feriados. Eso sí, se les paga aguinaldo. Pero siguen con problemas para trabajar las horas pactadas y cobrar todo lo trabajado”, concluye Isequilla.

“Siempre estaba en la búsqueda de subsidios para microemprendimientos para ex detenidos. Siempre peleó por los derechos de los presos”, recuerda una persona que conoce a Díaz y que intentó ayudarlo. “El Ministerio de Trabajo le asignó algunos, pero los había perdido en los últimos tiempos”.

Según sus publicaciones, había empezado a ir a la iglesia cristiana. Se la pasaba compartiendo fragmentos de la Biblia.

En sus años libres trabajó en la Facultad, en estudios jurídicos y en microemprendimientos cooperativos. “Intentó salir de la mugre. Pero cuando el Estado no te acompaña en lo laboral y en las adicciones, se complica”, cuenta otra persona que lo conoció en Devoto y lo cruzaba en la Facultad de Derecho. “Sus causas anteriores siempre fueron por robos a mano armada. Ahora fue a acompañar a una mujer. Se quedó afuera. Creo que lo hacía para sobrevivir”, concluye.

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