En el LIF se producen 24 especialidades medicinales

Salud 13 de julio de 2020 Por Redacción del Informe
Fabricación de alcohol en gel, articulación para proveer de elementos de protección personal a agentes de Salud y gestión para la compra de insumos sanitarios a China como efecto de la emergencia por Covid-19. Y. mientras tanto, continuidad en la provisión de drogas al sistema público de salud. En breve, la producción de repelente.
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Como en buena parte del país y del mundo, la pandemia por Covid-19 puso al alcohol en gel sobre mesas y escritorios, y también en la pantalla oficial cuando, todos los días, alrededor de las 20.30 el Ministerio de Salud presenta el reporte sobre los casos en la provincia. Si se observa bien, el envase tiene un nombre: Lif, Laboratorio Industrial Farmacéutico. Esta es una de las novedades que incorporó a comienzos de abril, cuando comenzó a elaborar ese producto para afrontar la escasez de un elemento que ya se había vuelto esencial para prevenir la propagación de la enfermedad.

No fue el único cambio que el organismo sumó en plena cuarentena: con una planta de personal mermada en un 20 % -entre grupos de riesgo y residentes de otras ciudades- coordinó con fábricas y cooperativas de la provincia la producción de batas y barbijos para el personal sanitario, en conjunto con el Ministerio de la Producción; y condujo la compra de insumos a China.

Tres meses después y una vez superado el momento más crítico en cuanto a la estrategia para hacer frente a una enfermedad desconocida y desconcertante -y sin fecha certera del “pico” y esperado retroceso- el balance es positivo en cuanto a la respuesta, y el desafío es aún mayor: el alcohol en gel será insumo indispensable también para el regreso a las aulas, así que habrá que multiplicar la producción para pasar de unos 15 mil litros iniciales a unos 75 mil. Y como el dengue, que tuvo un brote histórico en la última temporada, es endémico en la región, podría sumarse la producción de repelente.

En todos los casos, como en los 40 fármacos que integran la cartera del Lif, se trata de productos destinados a atender la demanda de salud pública.

En equipo
Para quien atraviesa la puerta de ingreso al Lif, ubicada en calle French 4950 de esta ciudad, las precauciones son las mismas que aprendimos en el actual contexto de pandemia: higiene de manos y del calzado, barbijo y declaración jurada de posibles síntomas compatibles con la enfermedad.

Para las 130 personas que trabajan en esa Sociedad del Estado, protocolo es un término y una práctica habitual -aunque reforzada al inicio de la pandemia-: apenas ingresan, reciben una capacitación en normas de seguridad e higiene por lo que el uso de elementos de protección personal, incluidas máscaras, ya es una rutina.

Un cartel con la lista de cumpleaños del mes -en este caso, julio- delata camaradería en el equipo y suma un detalle cálido en medio del aislamiento que, por este año, obligará a suspender festejos masivos y presenciales.

El viernes es día de reunión de las máximas autoridades del Lif. El organismo -presidido por la ministra de Salud Sonia Martorano- está integrado por cuatro directores y directoras: Esteban Robaina, Lisandro Zilli, Élida Formente y Analía San Román, quienes reciben a este diario junto al síndico, Jaime Manreza. El equipo directivo se completa con el Gerente General Diego Bruno, y la Directora Técnica María Cecilia Selis.

¿Cómo se tuvo que adecuar el Lif ante la llegada de Covid-19? “Tuvimos que adaptarnos a la pandemia y la emergencia. Desde lo organizativo, en primer lugar, con las medidas de higiene y seguridad sanitaria. El riesgo era muy grande y más en ese momento en que no se conocía mucho la contagiosidad y hasta se discutía si el barbijo era conveniente o no. Acá decidimos extremar las medidas”, expuso Robaina.

Desde el punto de vista de la organización, “tuvimos bajas en el personal: entre quienes integran el grupo de riesgo, madres y padres con niños pequeños, gente que venía de Paraná, fue una reducción del 20 % en el plantel y tuvimos que reacomodarnos mientras el desafío era mantener la producción de medicamentos”, cuya línea se define en función de lo que el Ministerio de Salud requiere en forma trimestral o semestral.

¿El resultado? “No solo que se lleva cumplido lo acordado con las distintas áreas, tanto en la compra de materias primas, análisis, elaboración y logística, sino que están en desarrollo otras actividades en paralelo”, anticipa Zilli. “Todo eso fue posible por la predisposición de la gente del Lif que siempre lo consideró como una organización, donde el medicamento es un bien social que llega a las personas que más lo necesitan”.


Puesta a punto
El laboratorio cubre un 90 % de la cartera de medicamentos de atención primaria de la provincia, a lo que sumó el desarrollo de nuevas especialidades medicinales como el alcohol en gel que “el 15 de marzo no se producía”. En dos semanas el laboratorio se reorganizó y comenzó a fabricarlo como un insumo nuevo que “llegó para quedarse” y que ya se planea producir a otra escala.

Además, como el organismo está a cargo de las compras centralizadas para el Ministerio de Salud, se lo designó para la adquisición de insumos de protección personal. “Y tuvimos que diversificarnos, salir a comprar barbijos y camisolines en cantidades mucho mayores a las que utilizábamos para el laboratorio”.

Así fue como se organizó un programa articulado con el Ministerio de la Producción para la fabricación de elementos de protección personal, a través de empresas textiles privadas y cooperativas de trabajo de Reconquista, Rafaela, la ciudad de Santa Fe y Rosario. Se confeccionaron 400 mil barbijos y 25 mil camisolines, todo en el marco de la emergencia.

Para sumar un nuevo desafío, el Lif -que tiene a su cargo las compras centralizadas de medicamentos-participó en la provisión de insumos desde China; entre ellos, barbijos, camisolines, cubre calzados, guantes, termómetros y mamelucos. “Por la gran cantidad de elementos, era una gestión para la que no estábamos preparados”. y sin embargo, “está transcurriendo sin complicaciones”. Y todo eso, “mientras seguíamos produciendo”, insiste Robaina.

“Abril y mayo fueron meses muy extremos”, coinciden integrantes del directorio, mientras acuerdan en que “durante estos meses ganamos muchísimo tiempo para estar mejor preparados. En aquel momento -al inicio de la pandemia- los proveedores especularon mucho, hubo oportunismo, escasez, precios irrisorios: por eso la decisión de comprar en grandes cantidades a China fue acertada, porque allí había disponibilidad”, consignó Formente.

Una vez más, el trabajo en equipo fue fundamental, como lo es en la atención de un paciente: “Detrás de un respirador, que es un elemento clave, está la capacitación de los médicos, los elementos de protección personal, la compra de medicamentos específicos, y todo esto no se resuelve de un día para el otro”, apuntó Robaina.

En este punto, Formente aclaró que “fue una fortaleza de este gobierno como política pública establecer que trabajemos todas las áreas en forma conjunta. Si bien el Ministerio de Salud sumó protagonismo por la naturaleza de la crisis, hubo un trabajo integrado”. Así, se acopló a la cartera sanitaria el Ministerio de la Producción, el de Medio Ambiente, la Secretaría de Ciencia y Tecnologia y Comercio Exterior. Y hasta el Ministerio de Seguridad para la búsqueda de insumos a Ezeiza.

Innovación
A las novedades que trajo la pandemia se suma la compra de una comprimidora con la que podrá quintuplicar la producción de Paracetamol 500 mg. San Román explica la génesis de este logro que arrancó en abril con una convocatoria del Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación (Fondep), para presentar proyectos que fortalezcan la capacidad productiva en el marco de la pandemia. “En diez días se presentó el proyecto que fue seleccionado y aprobado para el aporte de diez millones de pesos destinados a la nueva comprimidora. Fue una buena noticia porque fortalece las capacidades productivas del Lif”, concluyó la experta, y remarcó que todo se pudo hacer en medio de la pandemia y mientras -como ya observaron sus colegas- se sostenía el resto de la producción.

Por otra parte, el Lif SE firmó un convenio de vinculación tecnológica con la empresa Clorar Ingeniería SA para poner en marcha un método de limpieza y sanitización de los equipos con dióxido de cloro gaseoso; una novedad que cobró relevancia con la pandemia pero que aquí estaba acordada desde antes.

El concepto de soberanía sanitaria resume todo el trabajo del Lif, y se materializa en la posibilidad de asegurar a la población que más lo necesita el acceso a los medicamentos. “El laboratorio tuvo su origen en 1947 y es sociedad del Estado desde 1999. Pero siempre fue una política de Estado”, coinciden.

Más allá del Laboratorio Municipal de Rosario (LEM) con el que se coordinan e intercambian acciones e insumos, los expertos acuerdan en que “pocas provincias tienen un laboratorio público y ninguna de la dimensión del Lif”.

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